DEL BARRIO DE MATADEROS

A CIEN AÑOS DE LA INAUGURACIÓN DEL MERCADO DE HACIENDA. REGLAMENTO Y DISPOSICIONES SOBRE LOS VIEJOS MATADEROS. EL PRIMER TRASLADO – HACIA PARQUE DE LOS PATRICIOS. ¿CÓMO LLEGABA LA HACIENDA A LOS CORRALES?. PENSANDO EN EL NUEVO TRASLADO. LOS NUEVOS MATADEROS. REMATES Y URBANIZACIÓN DE LA ZONA. LOS PRIMEROS AÑOS. LOS MUCANGUEROS Y OTROS OFICIOS. EL FRIGORÍFICO Y MATADERO MUNICIPAL. LOS TIEMPOS RECIENTES - LA TOMA DEL FRIGORÍFICO. ENTREVISTA AL PASADO. HACIA EL FUTURO. AGRADECIMIENTOS. BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA. NOTAS. DE LOS AUTORES.
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A CIEN AÑOS DE LA INAUGURACIÓN DEL MERCADO DE HACIENDA

Por Luis O. Cortese y Teresita Mariaca (*)

El 1° de Mayo de 1901 comenzaban las actividades del Mercado de Hacienda que diera no solo un nombre sino una impronta particular a este tradicional barrio. En una breve síntesis, hemos tratado de ofrecer una imagen del pasado, en un presente en el que toda la comunidad está tratando de pergeñar un nuevo perfil hacia el futuro, que alejará para siempre ésas imágenes de la campaña a minutos del centro de nuestra ciudad.

Ya desde sus años primigenios, la ciudad de Buenos Aires había evaluado la importancia de contar con grandes reservas de vacunos, producto de la reproducción natural de aquellos primeros animales arribados en los tiempos de la conquista. Fue la alimentación con productos de origen animal una resultante secundaria y relativa de esa presencia, en tanto que el aprovechamiento del cuero en múltiples usos hizo conveniente transformarlo en una de las actividades comerciales fundamentales durante el período hispánico. En el año 1607 aparece el primer matadero oficial siendo su denominación "Corral de bacas", habitualmente a cargo de un funcionario del Cabildo encargado de controlar los precios y la calidad de la carne. En tiempos del Virrey Vértiz, ya había en la ciudad tres lugares para la matanza de animales: uno en el sur, conocido por "Mataderos de Santo Domingo", en las cercanías de las actuales Caseros y Montes de Oca, en terrenos de la "Chacarita " (1) de los frailes dominicos; otro de nominado "Matadero del Norte", sobre el encuentro actual de la Av. Pueyrredón y la calle Larrea, detrás del cementerio de la Recoleta y un tercero, que se denominaba "Matadero de Carricaburu" o "del Centro", cercano a la actual Plaza de Miserere. El del Sur o de Santo Domingo permaneció en ese lugar hasta 1830, en que fue trasladado a los terrenos que poseía Luis Dorrego (hermano del coronel Manuel Dorrego) en el actual parque España. Numerosas descripciones de viajeros y escritores como Esteban Echeverría o Guillermo Enrique Hudson, pintan con trazos fuertes la dura actividad que allí se desarrollaba. En los años que rememoramos, la calle Caseros no era más que un zanjón (2), que las lluvias convertían en pantano, y en época de sequías las polvaredas levantadas por las tropas de hacienda hacían irrespirable el aire.

"En la junción del ángulo hacia el Oeste (actual esquina de Caseros y Baigorri) está lo que llaman la casilla, edificio bajo, de tres piezas a media agua, con corredor al frente, que da a la calle y palenque para atar caballos, a cuya espalda se notan varios corrales de palo a pique, de ñandubay, con sus fornidas puertas para encerrar el ganado ". (3)

A esta descripción de Echeverría, nos ha parecido interesante ampliarla con la que, refiriéndose a las tareas realizadas en los mataderos, refleja Head, un inglés que viniera a Buenos Aires en 1825:

“Durante mi breve estada en Buenos Aires vivía en una casa de las afueras, situada frente al cementerio inglés y muy cerca del matadero. Este lugar era de cuatro o cinco acres y completamente desplayado; en un extremo había un gran corral de palo a pique, dividido en muchos bretes cada uno, con su tranquera correspondiente. Los bretes estaban siempre llenos de ganado para la matanza. Varias veces tuve ocasión de cabalgar por estas playas y era curioso ver sus diferentes aspectos. Si pasaba de día o de tarde, no se veía ser humano; el ganado con el barro al garrón y sin nada para comer, estaba parado al sol, en ocasiones mugiéndose o más bien bramándose. Todo el suelo estaba cubierto de grandes gaviotas blancas, algunas picoteando, famélicas, los manchones de sangre que rodeaban, mientras otras se paraban en las puntas de los dedos y aleteaban a guisa de aperitivo. Cada manchón indicaba el lugar donde algún novillo había muerto; era todo lo que quedaba de su historia, y lechones y gaviotas lo consumían rápidamente. Por la mañana temprano no se veía sangre; numerosos caballos con lazos atados al recado estaban parados en grupos, al parecer dormidos; los matarifes se sentaban o acostaban en el suelo junto a los postes del corral, y fumaban cigarros; mientras, el ganado, sin metáfora, esperaba que sonase la última hora de su existencia; pues así que tocaba el reloj de la Recoleta, todos los hombres saltaban a caballo, las tranqueras de todos los bretes se abrían y, en poquísimos segundos, se producía una escena de confusión aparente, imposible de describir. Cada uno tenía un novillo salvaje en la punta del lazo; algunos de estos animales huían de los caballos y otros los atropellaban; muchos bramaban, algunos eran desjarretados y corrían con los muñones; otros eran degollados y desollados, mientras en ocasiones alguno cortaba el lazo. A menudo el caballa rodaba y caía sobre el jinete y el novillo intentaba recuperar la libertad, hasta que unas jinetes con toda la furia lo pialaban y volteaban de manera que, al parecer, se quebraría todos los huesos del cuerpo. Estuve más de una vez en medio de este espectáculo salvaje y algunas veces, realmente, me vi obligado a salvar, galopando, mi vida... " (4)

Adolfo Prieto, en un excelente análisis del que transcribimos algunos fragmentos, hace referencia a la opinión de Head:

"... Head, con un ojo puesto en el lector de la metrópoli como otros viajeros, daba preferencia en sus anotaciones a las costumbres, a las circunstancias y a los lugares que podían, previsiblemente, despertar la atención o la curiosidad de ese lector. No le fue difícil entonces después de una nada memorable recorrida por la Ciudad de Buenos Aires descubrir que en el matadero se delimitaba el espacio urbano de más atrayente caracterización.., presenta, como si fuera en una superficie plana, el desolado lugar sobre el que se levantan los corrales, la inmovilidad del ganado en la antesala de la matanza enterrado hasta las rodillas en el barro; las aves carniceras y los cerdos arrojados sobre los charcos de sangre remanentes de la jornada anterior... El escenario es siniestro, con sus bandas de gaviotas merodeando por los charcos de sangre dejados por la faena de la víspera; las nuevas tandas de ganado esperando su turno; los caballos de los matarifes adormilados en ominoso silencio." (5)

El 7 de noviembre de 1834 el Jefe de Policía ponía en marcha un "Reglamento para los Corrales de Abasto", estableciéndose Jueces para los mercados del Norte, Sud y Oeste. En la norma se especifican las atribuciones y deberes de los abastecedores, peones y jueces de mercado, así como las penalidades. Recordemos que la Policía era la encargada de velar sobre el orden y "... la conservación y buen estado de los Corrales de las Tabladas, como la más segura recaudación ". (6)

Beaumont ofrece una imagen similar a las anteriores, relatando que "en Buenos Aires se ponen las bestias en grandes corrales y son sacadas de ahí, arreándolas, una a una, según se hace necesario y una vez enlazadas y en seguridad se les desjarreta y caen al suelo bramando; entonces las degüellan; luego les sacan el cuero y las descuartizan con hachas en tres masas longitudinales... a través de todo este espectáculo, la natural brutalidad de las clases bajas para con los animales se exhibe en forma bastante desagradable; la pobre bestia es torturada y arrastrada de un rincón a otro del matadero por espacio de cinco o diez minutos, antes de que el cuchillo ponga fin a sus padecimientos. La lucha frenética y los mugidos del animal, diríase que deleitan a los peones. " (7)

Guillermo Enrique Hudson fue, en su adolescencia, un testigo de la vida en el cercano sur, si bien abarca en sus recuerdos un territorio mucho mayor que el que motiva este trabajo. Por su realismo, su detallada imagen de los corrales merece ser reproducida en toda su extensión. Dice así:

"Por aquel entonces, y hasta el año setenta del pasado siglo, estaban situados en la parte sur de la capital, los famosos saladeros y mataderos, donde la hacienda gorda vacuna, yeguariza y ovina, procedente de todas partes del país, era faenada a diario para proveer de carne a la ciudad o para hacer charqui, destinado a la exportación al Brasil, donde se empleaba como alimento para los esclavos. La mayoría de los animales, empero, incluso los yeguarizos, se mataban solamente con el objeto de aprovechar su cuero y el sebo. Ocupaban los saladeros una legua cuadrada o más, donde había grandes corrales de palos a pique muy juntos, divisándose algunas construcciones bajas, esparcidas aquí y allá. A tal sitio conducían interminables majadas de ovejas, caballos semi o completamente cerriles y ganado de aspecto peligroso, por sus grandes guampas. Iban en grupos desde cien a mil animales envueltos en una nube de polvo, dando mugidos o balidos, que se mezclaban con la furiosa gritería de los troperos, quienes galopaban de un lado a otro arreándolos”. "Cuando la cantidad era demasiado grande para efectuar la matanza dentro de los galpones, solían sacrificarse centenares de cabezas, al aire libre, a la vieja y bárbara usanza gaucha. Cada animal era enlazado, desjarretado y degollado. El espectáculo resultaba repugnante y horrible, con el consecuente acompañamiento de los feroces gritos de los matarifes y los agonizantes bramidos de las bestias torturadas. Donde el animal caía, se le mataba, quitándosele el cuero y una porción de la carne y de la grasa. El resto quedaba abandonado. Lo devoraban los perros vagabundos, los chimangos y la ruidosa e infaltable multitud de gaviotas de cabeza negra”. "La sangre, tan abundantemente derramada a diario, mezclándose con la tierra, había formado una costra de quince centímetros de espesor. El lector imaginará el olor de semejante costra, al que se unía el de la inmensa cantidad de desperdicios, carne y huesos, amontonados por todas partes... Era el olor de carroña, de carne putrefacta, de la vieja y siempre refrescada costra de tierra y sangre coagulada. Parecía un olor curiosamente substancial y estable. Los viajeros que llegaban o se alejaban de la ciudad por el camino real del sur, paralelo al matadero, apretábanse las narices y galopaban furiosamente hasta verse libres del abominable hedor". (8)

Complementamos, con Esteban Echeverría, la descripción de estos espectáculos sucios y brutales que asombraban a propios y ajenos: "Estos corrales son en tiempo de invierno un verdadero lodazal en el cual los animales apeñuscados, se hunden hasta el encuentro y quedan como pegados y casi sin movimiento. En la casilla se hace la recaudación del impuesto de corrales, se cobran multas por violación de reglamentos y se sienta el juez del matadero, personaje importante, caudillo de los carniceros, y que ejerce la suma del poder en aquella pequeña república por delegación del restaurador. " (9)

Casi treinta años después de esta descripción, el Juez de los Corrales solicita a la Corporación municipal la reparación de las dependencias del lugar, si bien por entonces ya habían aparecido propuestas controvertidas, tanto para ampliar las instalaciones existentes, como para el traslado definitivo a zonas más alejadas del centro, con la intención de mejorar el sistema utilizado para la matanza, que carecía por completo de las condiciones de higiene que hoy consideramos imprescindibles para un alimento humano. (10)

REGLAMENTO Y DISPOSICIONES SOBRE LOS VIEJOS MATADEROS

Resulta interesante transcribir una disposición de la época referida a los mataderos públicos, que ilustra distintos aspectos de las actividades relacionadas con este tema.

Reglamento para los Mataderos de la Ciudad de Buenos Aires sancionado el 26 de febrero de 1864 El Comisario de los Corrales hará empezar la matanza a las horas prescriptas en este Reglamento, y lo hará cesar del mismo modo; teniendo entendido que durante dicha operación no podrá faltar de los Corrales, y en caso de enfermedad u otro incidente, lo pondrá en conocimiento de la Comisión de Higiene para que ella provea lo conveniente.

Capítulo I

De la matanza

Artículo 1° La matanza de la mañana empezará en todo tiempo al salir el sol y terminará en verano alas siete de ella, y en invierno alas nueve y media. La de la tarde empezará en verano alas cuatro y terminará a las seis y en invierno comenzará a la una terminando a las tres. La carneada o beneficio de las reses durará tres horas, después de concluida la matanza; el Comisario permitirá una hora más a los que maten de quince reses arriba; pasado ese tiempo no permitirá en la playa una sola res, ni un solo carro. Art. 2° Ningún abastecedor podrá abrir la puerta de sus corrales ni permitirá entrar en ellos a nadie antes de tocar la campana, salvo el caso de tener que pasar punta a otro corral, lo que será permitido a cualquier hora, pero solo con los hombres necesarios y a puerta cerrada (como también apartar); terminado esto, mandará salir a todos, cerrará las puertas y esperará el toque de campana. Art. 3° Al toque de campana se abrirán todas las puertas, el abastecedor dirá el precio y cada uno podrá enlazar a su elección, saliendo en seguida con la res: si alguno quedase con animal enlazado esperando baja, el abastecedor puede obligarlo a salir al precio ya fijado, lo mismo a los que quedasen atajando animales, pues unos y otros entorpecen y perjudican su matanza. Art. 4° El que desgarrete o haga desgarretar animal que no esté enlazado, será penado con una multa que variará según el caso hasta 500 pesos moneda corriente, y obligado a llevar el animal al precio que estuviese. Es prohibido señalar con tajos en la cola u otra parte del animal. Art. 5° Los lazos no tendrán más que diez varas de largo: si alguno excediese, el Comisario hará cortar en su presencia lo que sobrepase. Los enlazadores de fuera, podrán llevar largo. Art. 6° Queda prohibido beneficiar reses para el abasto de la Ciudad fuera de la playa de los corrales. En las chancherías inmediatas, solo se permitirá matar terneros para beneficiar en las mismas. Art. 7° No se permitirá matar el Viernes Santo. El Sábado se permitirá a las horas establecidas para todos los días. Art. 8° Es prohibido vender carne de animales muertos de enfermedad, dentro o fuera de los corrales. Los que lo intentasen, tanto el vendedor como el comprador de la res, serán multados en 500 pesos moneda corriente cada uno.

Capítulo II

De la playa

Art. 9° Todos los carros se colocarán en dos filas de Este a Oeste a lo largo de la playa, el pértigo para afuera, dejando entre las dos filas un intervalo de diez varas. Art. 10° No podrá sacarse tropa alguna para saladero, pastoreo u otro destino, hasta no haber tocado la campana para terminar la matanza. Art. 11° La puerta que mira al Norte, la del Este y la del Oeste serán para la entrada y salida de los carros. Art. 12° Estando la playa ocupada con reses, durante las horas de matanza y carneada, no se permitirá entrar tropa alguna. Los encierros empezarán a la hora que termine la carneada (la que indicará otro toque de campana). Sólo en caso de no haber ninguna hacienda en los corrales, se permitirá encerrar y matar a cualquier hora. Art. 13° Cuando no hubiese habido en la matanza el número de reses necesario para el consumo, se permitirá matar en la tarde la que hubiese entrado. Art. 14° Desde la hora en que termina la matanza y al mismo tiempo que empieza la carneada, empezará la limpieza de la playa, debiendo quedar conduída dos horas después de concluida la carneada. Los que hacen la limpieza no podrán dejar montones de un día a otro, y están obligados a levantar todos los residuos por pequeños que sean. Art. 15 Los que sacan el sebo o mucanga que queda en las tripas lo harán antes de la hora en que termine la limpieza, de lo contrario los cargadores las llevarán con sebo y todo, no admitiéndose reclamo alguno. Art. 16° Por ningún motivo, en ningún tiempo y a ninguna hora, se permitirán cerdos en la playa, so pena de ser su dueño multado con cien pesos por cada animal, dando cuenta el Comisario al Secretario de la Municipalidad con expresión del nombre del infractor.

Capítulo III

De las reses y los cueros

Art. 17° Todo comprador de reses devolverá el cuero, entregándolo en la puerta del corral, doblado con el pelo para afuera. En la playa entregará o dejará las menudencias, a saber: cabezas, patas, cola, hígado, bofes, tripas, etc., que no le pertenecen, como también los cueros del ternero nonato. Art. 18° El que entregue un cuero cortado o rayado, siendo rechazado por el comprador de cueros, pagará su desmérito a juicio del Comisario. Art. 19° Los apartes serán costeados por el comprador, siendo de cuenta del vendedor hacer atajar la puerta del trascorral en que se deposita; después de contado queda todo de cuenta y responsabilidad del comprador.

Disposiciones generales

Art. 20° El Comisario está facultado para entender y resolver en toda demanda proveniente de las faltas de policía de matadero, como también para despedir de la playa al peón que se le justifique cualquier desorden. Art. 21° Permanecerán constantemente durante la noche en la casilla del Juzgado dos hombres armados, para la vigilancia del ganado encerrado, debiendo dar parte al día siguiente de las ocurrencias de la noche. Durante el día estarán en la playa los cuatro vigilantes, para imponer el orden; no podrán retirarse hasta concluida la faena, debiendo quedar dos en el resto del día. Art. 22° El Comisario dará cuenta a la Comisión de Higiene de toda multa que llegase a imponer, expresando el nombre del individuo, la cantidad y motivo de la multa. Art. 23° Cuando se formase pantano en un corral, el Comisario obligará al dueño a componerlo en cuanto fuese posible, designando fuera de la playa el paraje donde ha de llevarse el barro que fuese preciso sacar. Art. 24° Queda prohibido en el beneficio de las reses el lavar la carne con orines o jugo de los intestinos y sólo se hará con agua limpia, so pena de ser multado en 100 pesos moneda corriente.

Por cierto, con el paso de los años y al trasladarse el matadero desde la plaza España hacia el parque de los Patricios, tema que trataremos más adelante, se fueron dictando nuevas disposiciones y ampliando las expuestas en el texto previo.

Por ejemplo en 1882, se prohiben "... las entradas y salidas de haciendas durante la noche"; se organiza la documentación y los distintos libros que sirvan para verificar los movimientos de animales.

También se determinan las medidas a aplicar para la recaudación de los impuestos fuera de los Corrales: "...el recaudador de Barracas deberá estar todo el día en su puesto y vivir cerca de él, gozando de un sueldo de 1500 pesos moneda corriente mensuales, el de la calle Rivadavia se colocará en la misma calle a inmediaciones de la plaza 11 de Septiembre, para poder atender al expendio de boletas por las reses que viniesen en los trenes de carga... el del Ferrocarril del Sud cobrará lo que venga en los trenes y pasará por los mataderos de corderos a cobrar el derecho por la hacienda que se hubiere muerto... el de la calle Santa Fe será remunerado con el sueldo de 1000 pesos... " (11)

EL PRIMER TRASLADO – HACIA PARQUE DE LOS PATRICIOS

Hacia 1860 la Municipalidad inicia el proceso de compra de los terrenos de la hoy Plaza Ameghino, entre el Hospital Muñiz y la vieja Cárcel de Caseros, con la intención de instalar allí los corrales y un cementerio. La Ordenanza, sancionada el 9 de octubre de ese año indicaba en su artículo 1° que los corrales "...debían trasladarse a otra localidad en la misma dirección de la de los actuales, y que reúna las condiciones exigidas para los establecimientos insalubres", y en el 2° que "los nuevos corrales quedarán planteados el 1° de enero de 1861." (12) No fueron ubicados los corrales junto al cementerio, sino -años después-, más hacia el Oeste. Evidentemente, la presencia de los corrales a la par de establecimientos asistenciales como los que habían comenzado a erigirse en los Altos de la Convalecencia, así como la necesidad de construir un nuevo cementerio, -pues no se consideraba conveniente la ampliación del ubicado en la Recoleta-, incidieron en la voluntad de los integrantes de la Municipalidad para elaborar estas propuestas. El plazo dado para la transferencia desde la actual Plaza España hacia el nuevo asentamiento pareció definitivo y perentorio, aunque la Memoria Municipal de 1866 nos informa que "no ha podido procederse a su traslado". Mucha hacienda pasaba por aquellos viejos corrales: en 1866 ingresaron 185.271 cabezas para abasto de la ciudad, 62.243 para invernada y 348.919 que fueron destinadas a los saladeros. Estos se encontraban en su mayoría sobre el Riachuelo, no muy lejos de ese lugar, como el que supuestamente poseía el inglés que cita Echeverría, que "... de vuelta de su saladero vadeaba este pantano a la sazón...". (13) Recordemos que en la ribera norte se encontraban los saladeros de Cándido Pizarro, Simón Pereira, Patricio Brown, Guillermo Dowdall, Julio Pantono y Cía. y Guillermo Quirno. (14)

Decía "La Nación Argentina" el 13 de agosto de 1867 que "el olor inmundo esparcido el domingo a la noche por toda esta ciudad ha venido a recordarnos que los saladeros del Riachuelo continúan con autorización del Gobierno sus pestíferas faenas...", corroborando las expresiones de los autores y los viajeros que estamos citando.

En 1868 el Juez de los Corrales del Sur informa que los nuevos corrales están listos, (ya ubicados en las tierras del actual Parque de los Patricios), pero los abastecedores deseaban saber si "...podrían continuar haciendo uso de los viejos cuando el mal tiempo y el deterioro de los caminos impidieran llegar a los nuevos", pretensión que la Municipalidad rechaza, indicando que a más tardar el 5 de marzo deben trasladarse. (15)

No serían muy fáciles de convencer los usuarios, cuando la Corporación se ve obligada a dictar, en septiembre del mismo año, una disposición indicando que "los propietarios de los corrales viejos los deshagan, so pena de multa de $ 500 y de $ 100 por cada día de demora", debiendo hacer la correspondiente prevención el mismo Juez. (16)

Finalizado el largo proceso, la inauguración oficial en lo que treinta años después sería el Parque de los Patricios, se produce el 11 de noviembre de 1872 y allí quedarán hasta que se los traslada a su actual emplazamiento.

El 20 de noviembre de 1872 Félix Bernal se dirige al Ingeniero Municipal para indicarle que, "Habiendo resuelto el Concejo recibir de la Empresa Constructora los nuevos Mataderos, proceda Ud. a efectuarlo en unión con el juez de Corrales Comandante Don Carlos Forest, debiendo para efectuarlo ponerse de acuerdo con este y con la Empresa. Las construcciones se realizaron básicamente de madera y ladrillos, los pisos sólo en parte adoquinados, repitiendo en un esquema diferente, el estilo de las instalaciones recientemente abandonadas...” Como escribe Liernur, "…hay ciertas actividades, fundamentales en Buenos Aires en el período que analizamos, cuya precariedad de instalaciones podría considerarse casi constitutiva…" y los mataderos no eran una excepción a la regla, como lo demuestran las viejas fotografías y los grabados. (17)

¿CÓMO LLEGABA LA HACIENDA A LOS CORRALES?

Desde los tiempos inmemoriales de los Corrales en la plaza España, el camino de la hacienda desde y hacia el Paso de Burgos fue orillado por "tabladas ", -amplios espacios de tierras destinados al descanso de las tropas provenientes de largas distancias-, siendo la oficial la existente sobre el Riachuelo, entre las actuales calles Lacarra y Escalada. Sobre el Paso de Burgos se construyó el primitivo puente que se denominaría "Gobernador Alsina”.

Otro de los caminos utilizados para la llegada de las tropas vacunas y ovinas era el "Paso de la Noria", cuyo nombre aparece registrado en documentos hacia 1820, debiendo buscarse su verdadera ubicación en los terrenos ocupados en la actualidad por el Autódromo Municipal. Este vado era muy frecuentado hasta que comienza a utilizarse el paso de las Piedras o de las Toscas, "...en terrenos de Martín Farías justo en el límite extremo donde se juntaban las chacras de Lastra y Ramos Mejía, en una curva del Riachuelo que allí cambia su nombre por Matanza". (18) El puente de la Noria que hoy conocemos surgió con la rectificación de este curso de agua, algo más hacia el este que el paso homónimo.

Una ordenanza del 25 de junio de 1872 establece los puntos por donde podrían ser introducidas las reses al municipio, determinando que sólo podría hacerse "por el puente de Barracas, los de Alsina y Obligado, el camino real de Flores y las vías férreas", agregando que los introductores deben abonar el impuesto establecido "por la ley anual de la materia a los recaudadores que la Municipalidad tendrá en cada uno de los puntos indicados". Esta ordenanza es modificada por otra del 23 de abril de 1884, que resuelve prohibir la introducción de hacienda "...o carnes para el abasto, por otras calles que las de la Arena, Puente de Barracas, Salta, Rivadavia y Santa Fe, bajo pena de comiso y multa del cuádruplo del valor del impuesto", entre un sinnúmero de disposiciones.

PENSANDO EN EL NUEVO TRASLADO

El crecimiento de la población, incrementado con la incesante corriente inmigratoria, contribuyó a generar un extraordinario desarrollo de la urbe, que pasó de aproximadamente 180.000 habitantes en 1870 a casi 1.000.000 en 1900, en tanto su superficie pasa de 44.845.745 m2 en 1867 a más de 190 millones en 1905,19 con la incorporación de los partidos de Belgrano y San José de Flores.

A la organización del país y la capitalización de Buenos Aires, le acompaña la creación de la Intendencia de la Capital. Quien primero ocupa el cargo es Torcuato de Alvear (10/5/1883 al 10/5/1887), que ejerciera previamente la presidencia del Honorable Concejo Municipal, entre 1880 y 1883. Fue Alvear uno de los primeros en pensar que los mataderos, insalubres por naturaleza, no podían estar cercanos al centro, acentuando su convicción la gran inundación del invierno de 1884 que provocara graves perjuicios al abasto urbano, al quedar cercados por el agua los corrales de Caseros y Monteagudo.

"... la inundación alcanzó su máximun hasta la misma meseta de los corrales, formando una laguna inmensa extendida por Barracas, Lomas y Flores, abarcando más de veinte leguas cuadradas". (20)

La barriada generada por los corrales, fue variando sus características particulares, transformándose en lugar de residencia de muchos trabajadores y poblándose paulatinamente con las incipientes clases medias, pequeños talleres, fábricas, etc. El desarrollo de los medios de transporte público recién comenzaba, y los traslados eran costosos e infrecuentes, en especial para esas clases menos favorecidas. Y un establecimiento con las características de los Corrales era una rémora que debía desaparecer por las incomodidades que generaba su presencia. Se hacía imprescindible su traslado a sitios más alejados. Ello a su vez facilitaba ganar para loteos inmobiliarios, amplias zonas no demasiado alejadas del centro, generando uno de los grandes negocios de la época.

Rememorado con profundo sentimiento por Justo P Sáenz, terminó así por desaparecer aquel espacio porteño.

"...extendías tu rala educación de azotea, tu sórdido casucherío de madera y zinc y tus típicos ranchos de barro y paja por el borde extremo de una meseta erizada de ríspidos espartillos, en los cuales no había cesado aún el silbo de la perdiz chica, ni las cachirlas de alzarse en fugaz revuelo al paso indiferente de los jinetes. Barrio de los Corrales Viejos, reducto natural del caballo y del facón, abierto a los cuatro vientos como una ramada de estancia... De las vacas naciste y, al igual que a los cuchillos y a los fletes, ellas te mantuvieron en tu sitio, por imperio de su propia existencia, hasta que el tiempo de las mudanzas como cantara Martín Fierro, te corriera, con toda lo que contenías, dos leguas más al Poniente, hasta no dejar en la calle de Caseros entre las de Rioja y Arena21 nada más que el acre perfume de una leyenda, que para los que sobrevivieron tu época nunca fue otra cosa que la más viva realidad. " (22)

Se fueron los corrales y el año 1903 ve surgir sobre los terrenos abonados por la sangre de centenares de miles de vacunos -y también de muchos hombres- (23) al Parque de los Patricios, creado bajo la administración del intendente Alberto Casares (1902/1904), que luce hoy una de las arboledas más hermosas de Buenos Aires.

LOS NUEVOS MATADEROS

Las crecientes necesidades alimentarias de los países centrales, generadas por una industrialización acelerada, modifica la relación de los mismos con los países periféricos, de los que la Argentina formaba parte. La particular estructura de dominación interna, producto de una distribución de la propiedad agraria que la había concentrado en pocas manos, luego de las guerras civiles y la "Conquista del Desierto", había destinado a la producción agropecuaria los vastas extensiones obtenidas, aún antes de que esas necesidades se expresaran en plenitud, proveyendo tasajos y cueros. Intermediarios entre las necesidades externas y el sistema político nacional, en el que conservaron los espacios de privilegio durante largos períodos, los grupos de poder ven con beneplácito la llegada de la congelación y la refrigeración, que abren perspectivas insospechadas de expansión a la producción ganadera. Al permitir este sistema la preservación de las carnes, primero de oveja, luego de vacunos, los embarques y las demandas de los países como Francia en primer lugar, y luego Gran Bretaña se intensifican.

El 8 de marzo de 1873, encontramos un pedido de Pierre Koch "llegado en la ciudad de Buenos Aires para hacer algunos experimentos sobre la conservación de carnes frescas... ", para que el presidente de la Municipalidad le autorice la instalación "...en la calle Corrientes N° 80, de una pequeña máquina de vapor...". El experimento debía limitarse al tiempo de un mes a seis semanas, con lo que resultaría que la máquina se utilizaría "...solamente cinco o seis veces en todo. En estas circunstancias, y en ausencia de todo peligro, considerando el gran interés del asunto, el infrascripto espera, Señor Presidente, que S.S. lo ayudará en sus esfuerzos...". Esta solicitud se acompaña con un plano que demuestra la precariedad de estos primeros intentos para industrializar los productos ganaderos, así como la preocupación por encontrar el método más apto de preparación para su traslado a largas distancias, en este caso por parte de un ciudadano francés. (AIHCBA, año 1873).

El descubrimiento de Tellier acelera el crecimiento de las exportaciones sectoriales del país, intensificando el intercambio comercial vinculado con esta producción. Las haciendas criollas, de carnes magras y poco rendidoras, se contraponen con las exigencias de más y mejor calidad de carne, obligando a los productores al mejoramiento de las características de la hacienda exportable, tanto vacuna como ovina, a través de la mestización con animales de razas procedentes de esos orígenes. En consecuencia, la tecnificación y el interés demostrado por los países centrales por las materias primas generadas en los periféricos fueron orientando, para bien o para mal, nuestro perfil productivo. Entre tanto, la concentración de las tierras en enormes extensiones en manos de pocos afortunados, obligaba a la mayor parte del caudal inmigratorio, originalmente destinado a las actividades agrícolas, -por sus ocupaciones declaradas y por las necesidades explicitadas por las autoridades-, a establecerse en forma permanente en Buenos Aires. Desconocemos quién tomó la definitiva determinación de trasladar los mataderos a la intersección de las actuales calles Lisandro de la Torre y avenida de los Corrales, pero presumimos los motivos. No podemos ignorar la influencia e intereses de los especuladores y los propietarios de: tierras, modalidad no demasiado infrecuente; en la historia y desarrollo de los centros poblados... y de muchas fortunas autóctonas. Es indudable que existía una necesidad perentoria de mejorar los sistemas de comercialización de la hacienda y la consecuente elaboración de las carnes y subproductos.

Algunos atribuyen la elección al general Roca, de quien se dice habría hecho una referencia a unos campos que "... se hallan lejos de los centros poblados y lejos del Riachuelo", ya que se encontraban a media legua al sur de Liniers, donde existía, desde los años 1870, un apeadero del Ferrocarril Oeste que llevaba ese nombre.

Se llegaba al lugar por la entonces calle San Fernando, luego Tellier y hoy Lisandro de la Torre, atravesando, desde Rivadavia, el camino a San Justo (Emilio Castro) y el de Cañuelas (Juan Bautista Alberdi), otras de las vías por las que era posible acercarse a estos parajes desde el centro de la ciudad.

Estas tierras habían pertenecido originalmente a la "chacarita" del presbítero José Francisco de la Lastra, pasando por sucesivos parcelamientos que, como en otros barrios, fueron reduciendo las extensiones originales.

Así llegamos al 14 de diciembre de 1888, fecha en que el Dr. Juan Agustín García junto con Juan C. Boerr, en representación de la razón social "Juan C. Boerr y Cía.", y el intendente municipal Guillermo Cranwell, aprobaban la mensura de los terrenos "donde van a ser levantados todos los edificios destinados a Mataderos del Municipio y sus dependencias, compuestos de dos fracciones unidas que miden 337.500 metros cuadrados o 33 hectáreas, 75 centiáreas". Estas dos fracciones formaban originalmente parte de las chacras de Martín Farías y Nicanor Maldonado.

Martín Farías era uno de los más importantes terratenientes de la zona oeste de la actual Buenos Aires. Dice Cunietti Ferrando que "era hombre de fortuna y gustos refinados y recorría la zona montado a caballo con lujosos aperos de plata ... conservándose hoy en colecciones privadas, cuadros y objetos que le pertenecieron. Farías poseía más de 160 cuadras cuadradas de terreno, extendiéndose su propiedad desde el Riachuelo hasta el actual Matadero Municipal ... falleció en su casa de Flores en 1870". (24)

En marzo de 1889 se formó la "Sociedad Anónima Nuevos Mataderos Públicos de la Capital", representada por don Rufino Basavilbaso, que el 22 de abril de ese año adquirió los derechos y obligaciones de la concesión donde se levantarían los corrales y el matadero. Colocada la piedra fundamental el 14 de abril con la presencia del intendente Cranwell, las obras no finalizaron hasta 1901. La construcción se inició bajo la dirección del ingeniero José María Burgos, sobre una superficie de ocho hectáreas que limitaban las calles Areco, San Fernando, Merlo y Camino de los Ombúes agregándose luego por donación las doce faltantes para completar las establecidas en el convenio que se celebrara oportunamente. (25)

REMATES Y URBANIZACIÓN DE LA ZONA

Bastó que se conociera el deseo de las autoridades de trasladar los mataderos, para que se generara una especie de fiebre de compra de tierras para lotear en las cercanías. Muchos propietarios de quintas habían consultado a Publio C. Massini, dueño de una de las más importantes firmas de rematadores de la ciudad, del que se decía que había "rematado media capital". (26) La lectura de los diarios de la época nos permite apreciar la cantidad de avisos de este y otros rematadores, que con pintorescos "reclames" informaban de las bondades de estas tierras, bondades que en muchos casos se demostrarán con el correr del tiempo exageradas, cuando no engaños rayanos con lo delictivo. (27)

"Veinte años atrás, pocos hubieran asegurado a un propietario que en tiempo no lejano su terreno multiplicaría extraordinariamente su valor: la más incrédula sonrisa habría merecido aquella extraña profecía... hemos de ver vender por ciento lo que hasta hace poco se adquiría por uno". (28)

La firma Massini se había creado en 1886 y promovía intensamente la venta de tierras en mensualidades, lo cual, según definía "La Nación" derramando elogios "...más que un negocio es una elevada idea humanitaria, pues sin su ejercicio, millares de personas de escasos recursos no hubieran podido convertirse en propietarios." Había intervenido esta casa de remates en el loteo y venta de lugares tan conocidos como Villa Ballester, Santa Rita, Villa Riachuelo, Santos Lugares, Caseros, Ramos Mejía, Flores, Villa Urquiza, Liniers y Vélez Sarsfield, entre otros muchos de la capital y sus alrededores. Entre los años 1905 y 1909, Massini gastó en anuncios la suma de $1.044.000, y realizó 3.684 remates, en los cuales adquirieron uno o más lotes la importante (e impactante) cantidad de 27.421 personas, unos para levantar su vivienda, otros para especular.

Otros terrenos de la zona estaban en poder del Banco Hipotecario y pertenecían a la "Empresa de Liquidación Nueva Chicago Mataderos Públicos", que presidía el Sr. Pedro Castañeda. Massini insistió hasta lograr que el banco se decidiera a vender estas tierras, adquiriéndolas, por su consejo, el Sr. Carlos Diehl, ya que en apariencia nadie las quería. Pero por otra parte, la construcción fue objeto de permanentes críticas, pues al descontento social generado entre los trabajadores de los Corrales Viejos, se sumaban las limitaciones de la planificación de los nuevos, así como los reiterados atrasos de las obras para su puesta en funcionamiento.

En esos años se inicia la apertura de algunas calles. Hacia 1895 se trazan Alberdi hasta Av. Del Trabajo (hoy Eva Perón), así como las trasversales Av. Chicago (actual de los Corrales), Tandil, Arrecifes, San Pedro y Merlo, entre Lisandro de la Torre y Coronel Cárdenas, antigua senda que comunicaba desaparecidas chacras.

También la firma Bravo, Barros & Cía. participó de este proceso. Casa tradicional en la materia por muchos años, fue "... fundada en 1886, bajo las apariencias de un humilde escritorio comercial ... es en el día una verdadera institución, tan poderosa como un banco, lo que sería fácil de demostrar con el movimiento diario o anual de su caja". En el año 1909 las ventas realizadas por esta firma, en toda la ciudad y su campaña ascendieron a más de setenta y un millones de pesos de la época. (29)

Otros rematadores como Lozano & Ramos, Mariano Salabert, Félix Lora, etc. se agregaron a Massini, ofreciendo los terrenos a plazos y en cuotas de $ 3 mensuales y con ladrillos de regalo, como era costumbre bastante generalizada en esos tiempos.

En La Nación del 3 de agosto de 1899, la firma Muñoz y Cía. ofrece, por orden del Banco Hipotecario Nacional, un terreno en cuatro lotes ubicados entre las calles Provincias Unidas, Campana, del Palomar, Lacarra y Camino de La Floresta, (Prov. Unidas es hoy J. B. Alberdi; Campana y del Palomar fueron dos nombres de la actual Eva Perón; el Camino de La Floresta es Mariano Acosta) de acuerdo con el siguiente detalle:

N° 1 de 11 ha. y 2493 m2, base $ 231.786. N° 2 de 14 ha. y 9991 m2, base $186.333. N° 3 de 20 ha. y 6237 m2, base $ 186.333. N° 4 de 20 ha. y 7048 m2, base $ 231.786.

El remate se celebraría el 3 de septiembre a partir de las 15 horas, con las condiciones que hemos visto en otros casos y otros rematadores. En ejemplares del diario mencionado más arriba, de julio de 1899 (noticias similares podríamos encontrar en períodos anteriores y posteriores a esa fecha, elegida al azar, en todos los periódicos de la ciudad) vemos una serie de avisos de remate, algunos por cuenta del Banco Hipotecario, que nos muestran la gran superficie negociada, que daría en pocos años, después de subdividida en lotes, la base para la constitución del barrio:

BOLLINI & ALCORTA - El 11 de julio remata un terreno contiguo a los Nuevos Mataderos, sobre su costado Sudoeste, con una superficie de 26 ha. y 9.100 m2, con una base de $ 464.546. COLLET & LLAMBI - Sobre el camino de Campana, lindando con el ángulo Sudoeste de los Nuevos Mataderos, rematará 21 ha. y 9.676 m2 con una base de $ 580.745. FUNES, LAGOS Y CIA. - remata terreno sobre el camino de Cañuelas a Flores a 200 metros del ángulo Noroeste de los Nuevos Mataderos, con una superficie de 47 ha. y 6.555 m2, con una base de $ 235.370. GÓMEZ, CIBILS & CIA. - a las 3 pm en la misma propiedad, ubicado sobre el camino de Cañuelas a Flores lindando con el ángulo Noroeste de los Nuevos Mataderos, 33 ha. y 3.900 m2 de superficie, con una base de $ 653.540. FRANCISCO CONSTENLA Y HNO. - Vendieron 30.000 metros de tierra a 7 cuadras de los Nuevos Mataderos y 2 del tranway eléctrico (terreno conocido por de Zavaleta) entre 0,75 y 1 peso el metro cuadrado. Fueron comprados por Agapito López. "¡El aumento que ha tenido la tierra en esta venta ha sido de 125%!"

LOS PRIMEROS AÑOS

Según Hugo Corradi, la única construcción existente en esa etapa fundacional era "...una casilla de madera ocupada por el almacén y Fonda de José Michellini". Los inmigrantes fueron, en años sucesivos, de los primeros que se decidieron a comprar terrenos, así como también peones, quinteros y abastecedores de carne, en parte como forma de escapar de los insalubres conventillos, así como seguramente pensando, que no estaría de más establecerse en las cercanías de una futura fuente de ocupación como lo serían sin duda el matadero y sus industrias subsidiarias. Y esto fue posible gracias a la inevitable llegada de los nuevos medios de transporte, que como el tranvía, acercaron el barrio al centro de la ciudad, como relatara el arq. Aquilino González Podestá. (30) Como en principio y durante algunos años la hacienda llegaba en grandes arreos, los reseros, arrendatarios de las tropas y trabajadores que venían de los viejos corrales del sur, enlazadores, matarifes, llevadores de reses, también fueron afincándose en el incipiente barrio. Muchas calles de la zona recuerdan los pagos de donde provenían hombres y haciendas: Tandil, Pilar, Tapalqué, Lobos, Merlo, Chascomús, San Pedro, Monte, Bragado, Saladillo... Crecían los nuevos mataderos y en la misma medida las construcciones particulares en sus cercanías. El mirador de Salaberry en la avenida de los Corrales queda aún hoy como mudo testigo de esos tiempos de leyenda.

Tiempo antes de la inauguración, la memoria y balance de la empresa constructora decía "Al frente y rodeando el edificio del Matadero, se construye un pueblo cuya división se demostrará oportunamente y que llevará el nombre de Nuevo Chicago ", evocando de esta forma a la ciudad norteamericana adonde técnicos argentinos habían viajado con el objeto de conocer el funcionamiento de ese mercado concentrador y sus mataderos, en un intento de transplantar sus avances a nuestra realidad, y modelo en la modernización de la faena, matanza y comercialización de la hacienda. Al poco tiempo dejó de denominarse esta zona como "Liniers" para pasar a llamarse "Nueva Chicago".

No olvidemos que las nuevas técnicas y los modernos conceptos en cuanto a la salubridad pública y la higiene alimentaria obligaban a perfeccionar los sistemas que aquí se aplicaban, que poco diferían de los que relatan Echeverría y los viajeros antes citados. En los primeros tiempos, la única diferencia residió en que la matanza, en lugar de realizarse sobre playas cubiertas de barro e inmundicias, se realizaba sobre empedrado como lo permiten verificar viejas fotografías. (31) La sangre de las reses era derivada hacia el arroyo Cildáñez, que tomará popularmente la denominación de "arroyo de la sangre". Muchos fueron los problemas generados por la construcción de esta obra, que por sus características, -amén de su necesidad-, debería haberse finalizado rápidamente. Tuvieron las nuevas instalaciones un costo aproximado de $ 6.000.000, el proyecto "... mereció las críticas del periodismo porque el establecimiento, considerado modelo, habíase levantado en una zona baja de la ciudad, resultando de fácil inundación a las primeras lluvias". (32)

Y una nueva frustración habría de deparar el proyecto. Si bien en los primeros días de julio de 1899 el constructor Simonazzi dio por terminadas las obras encargadas, que hacia fines de agosto podrían librarse al servicio público pues sólo faltaban algunos trabajos accesorios "... para completar la parte del establecimiento que se va a inaugurar, los que serán sacados a licitación en breve por el departamento de Obras Públicas", la realidad verificada por la municipalidad fue otra. (33)

El 20 de julio se anuncia en "La Nación" que el intendente Bullrich visitará el lugar, acompañado por varios funcionarios, con el objeto de conseguir que se activen "... los trabajos indispensables para la terminación de las obras, a fin de poder inaugurar cuanto antes este establecimiento, cuyo retardo tanto perjudica a las rentas de la Municipalidad. Lo más indispensable que falta construir es una parte de la pavimentación interior y el conducto para los desagües. Para terminar estas obras es necesario que el Concejo vote los fondos que el intendente ha solicitado, cuya cantidad es de $ 450.000.?. Está resuelto que los desagües se hagan por medio de un caño de material que desembocará en el arroyo Cildáñez". El intendente, para "entusiasmar" a los concejales, los invitó a acompañarlo en el tranvía eléctrico de la empresa La Capital, que partió de la plaza de Mayo ese día a las 9.30 de la mañana.

El 1° de agosto de 1899, en el Concejo Deliberante el Sr. Martínez Rufino hizo moción para que se designara una comisión especial, que estaría compuesta por los Ingenieros Tedín, De La Serna y Barris para que, en vista del resultado de la visita, se encargara de inspeccionar técnicamente el estado en que se encontraban las obras, y propusiera las medidas que debían adoptarse y los fondos necesarios para su pronta terminación. No habiendo número suficiente para votar la moción, el presidente invitó al cuerpo a pasar a un cuarto intermedio, que duraría hasta el próximo mes de septiembre.

Por fin el 1° de mayo de 1901 se produce el traspaso al departamento de Obras Públicas de los viejos corrales de Parque de los Patricios, "...cuya demolición empezará hoy, según está dispuesto, resolviendo al mismo tiempo que la administración de los corrales se haga cargo de los mataderos de Liniers. La demolición de los corrales viejos se hará paulatinamente y sólo en parte, dando tiempo a los matarifes y abastecedores para que efectúen el traslado de sus instalaciones y elementos de trabajo con toda comodidad. En los mataderos de Liniers había ayer 1500 reses vacunas para empezar la matanza en la madrugada de hoy. Las empresas de los tranvías La Capital y Oeste tenían ya listos sus elementos para el transporte de la carne y todo hace esperar que todo marchará como se ha previsto".

Así lo reflejaba el diario "La Nación", en tanto la porteña revista "Caras y Caretas" (año IV N° 139, Buenos Aires, 1° de junio de 1901), relataba que "El nuevo edificio... es importantísimo, y está dotado de todas las comodidades necesarias para facilitar la tarea y hacer que esta se realice de acuerdo con los principios fundamentales de la higiene. Los galpones son amplios, bien ventilados, con pavimento de asfalto, dotados cada uno de un servicio completo de agua y cloacas. Los corrales... tienen buenos pesebres y bebederos para la hacienda, que se mantendrá en ellos lista para ser sacrificada en cualquier momento. La traslación de las oficinas municipales, así como la de las haciendas y utensilios de matanza pertenecientes a los carniceros se hizo en tres días, que fueron de verdadera pena para el barrio de San Cristóbal, que veía alejarse aquel centro industrial que tanto contribuyó a su progreso... La traslación fue presidida por el señor Intendente interino doctor Zorrilla y por el Administrador, señor Victoriano E. Luna".

El tradicional edificio de la Recova se construyó donde nace la avenida de los Corrales, antes llamada avenida Chicago. Se pensó destinar el sector norte para utilizarlo como hotel de los Nuevos Mataderos, previendo una corriente de visitantes integrada por hacendados, consignatarios, etc., para lo cual se llamó a una licitación. Pero la necesidad de alojar al personal de las nuevas instalaciones, tan lejanas de todo centro poblado, llevó a reservar espacios para los mismos, así como para los directores de las escuelas de niñas y varones; el jefe de la Sucursal de Correos y empleados de la Estación Sanitaria, entre otros. La parte sur se destinó a oficinas públicas, escuelas, Cooperativa Telefónica y Unión Telefónica; Estación Sanitaria; sala de espera de los tranvías, puesto policial; capilla de las Damas de la Conservación de la Fe; y tiempo después, en la esquina con la calle Lisandro de la Torre (antes Tellier), la sucursal del Banco de la Nación Argentina. La distribución de los locales fue realizada por el intendente municipal, con la concurrencia del jefe de Policía, Francisco Beazley, y los directores de la Asistencia Pública y de Obras Públicas. En la planta baja norte de la Recova se encontraban fondas, restaurantes y despachos de bebidas, que atendían la numerosa concurrencia habitual del establecimiento. La misión fundamental del Mercado Nacional de Hacienda, en tanto dependencia descentralizada del Ministerio de Agricultura y Ganadería, era y es la concentración del ganado en pie, para posibilitar transparencia en las transacciones comerciales, ejerciendo el poder de policía que le compete al Estado. Otras de sus principales funciones eran la fiscalización de las operaciones con el ganado garantizando al productor la corrección de las mismas; realizar las inscripciones de las firmas consignatarias, matarifes, abastecedores y frigoríficos que operan en el recinto; certificar el peso de las haciendas, así como el registro de todo lo relacionado con su compraventa. Uno de los primeros rematadores de hacienda fue don Nicolás Calvo, quien elevaba su bandera al tope de un mástil, indicando de ese modo la iniciación de la venta (subasta, bajop el asta). Una vez rematados los animales, los compradores mataban, como decíamos, en el mismo sitio: la hacienda pasaba del corral a la playa, de la playa al yugo, donde se la desnucaba con un cuchillo corto, y luego se la degollaba, procediéndose luego con los sistemas que relatábamos antes.

En días previos a la inauguración definitiva, "La Nación" nos informa que los abastecedores de hacienda ovina Francisco Canevaro, Carlos Pizzorno, Elías Fernández, José L. Fajés y Castelbajac se presentaron al Intendente pidiendo se les permitiera continuar por un tiempo con sus faenas en los corrales viejos, pues aducían no contar con las instalaciones necesarias en Liniers, necesitando ese plazo para hacer el traslado en forma conveniente a sus intereses, lo cual fue denegado luego de los informes pertinentes, "... y en consecuencia desde hoy tanto la matanza de vacunos y porcinos como la de ovinos deberá hacerse toda en Liniers ".

Los obreros abandonaban sus tareas hacia el mediodía, portando hacia el hogar su cuota de carne (entraña, rabos, quijadas, etc.), luego que los "canasteros", pequeños comerciantes de achuras y menudencias, hicieran acopio de estos productos que luego revendían en la ciudad. La faena de animales se realizó en esas "playas de matanza" hasta la inauguración del Matadero municipal durante 1929, (si bien la habilitación oficial se concretaría finalmente en 1931).

En tanto, la Municipalidad controlaba la salubridad del expendio de carne que allí se faenaba, tarea que "...empieza en el matadero público, establecimiento municipal donde está concentrada la matanza de hacienda para el consumo de la población. Un cuerpo de inspectores veterinarios revisa los animales en pie y aparta los que presentan síntomas de enfermedad; después del sacrificio otra inspección veterinaria repasa la carne muerta inutilizando la que resulta nociva. La carne faenada se transporta a los mercados y puestos de abasto, en carros especiales, donde la administración de mercados vigila, a su vez, las condiciones en que se expende al público." (34) Desde 1860 estaba prohibido el transporte de carne destinada al consumo en caballos cargueros, imponiéndose el traslado exclusivamente en carros cubiertos. (35) La municipalidad había sancionado, el 8 de abril de 1881, un acuerdo en el que se determinaba que desde el 1 de agosto de ese año no se permitiría la entrada al matadero público a ningún carro "que vaya a cargar reses para los mercados, siempre que dichos carros no sean de cuatro ruedas, con toldo y... una longitud cuando más de cinco metros seiscientos milímetros inclusive la lanza". Además debían estar montados sobre elásticos y lavados diariamente, "debiendo el inspector de cada mercado revisarlos todos los días é imponerles una multa de cien pesos por cada vez que infrigieren esta disposición". Los carros debían numerarse, y los propietarios registrarse ante el Juez de los Corrales. Tiempo después, los carros eran generalmente de dos ruedas, estaban pintados de verde y la municipalidad determinó que fueran forrados en zinc, para facilitar su limpieza diaria. Así se continuó luego con los camiones y furgones térmicos, utilizados en la actualidad. Eran y son los que transportan las medias reses hasta los lugares de expendio.

LOS MUCANGUEROS Y OTROS OFICIOS

Todo aquello que por entonces no se aprovechaba se denominaba "mucanga" (36) y "mucangueros" a quienes retiraban de las canaletas donde eran arrojados, sebo, grasa, vísceras, hígado, etc. Estas conducían la sangre y las aguas en forma subterránea hacia el curso del arroyo Cildáñez. En ocasiones, cuando se estancaba, era extraída para servir de abono a cercanos plantíos. Los "mucangueros" vendían por pocas monedas su "cosecha" a los fabricantes de jabón, que hervían en grandes tachos (con el agregado de alguna otra sustancia química) el producto recibido. Ya habían preocupado al administrador de los Corrales Viejos. Estos "mucangueros" eran muchachos que por necesidades económicas abandonaban sus estudios para frecuentar esos extramuros. De allí a la delincuencia muchas veces mediaba un solo paso, ya que era bastante común que participaran del robo de los caballos, vacas y ovejas que vagaban por los baldíos y callejones. Luego, estas bestias eran hechas desaparecer en los "tachos", después de extraerles los cueros, que solían venderse aparte. Nos recuerda Vecchio que los "mucangueros" integraron una banda que fue conocida como "de Baigorría ", que asolaba el barrio y sus adyacencias, a la cual llegó a atribuírsele además la desaparición de alguno que conocía sus andanzas. Los apodos de sus integrantes eran "el cebollero", "el brasilero", "el potrillo", "el escuerzo", "el bola", etc. No todos los "mucangueros" eran delincuentes. Los había que se dedicaban a esta tarea por necesidad, como Justo Suárez, el mismo que con los años sería conocido como "El Torito de Mataderos", recordado boxeador.(37) Otros chicos aprovechaban sus míseras ganancias para concurrir al cine "Jorge Newbery" que a partir de 1918 tenia el Sr. Accame en la calle Tellier. En su hall había colocado un gran cartel que decía "Está prohibido entrar sin zapatos", pues los "mucangueros"; con los pies engrasados, entraban y resbalaban en la sala, ensuciando el piso y provocando las iras del resto del público. En tanto, en el "Bar de los Payadores" su propietario, don Fernando Ghio, había dispuesto que un día por semana estuviera destinado solo a los "mucangueros"; los inducía a concurrir a la escuela, les prestaba libros de su biblioteca y los ayudaba con los deberes. Cuando sabía que habían retomado los estudios, les regalaba el café con leche con medialunas. Así los iba educando y más tarde los integraba a las tertulias literarias y payadoriles.

La inauguración del frigorífico municipal significó el fin de esta profesión que se iniciara en los albores de los mataderos, pero no la presencia de menores en las tareas propias de esta actividad, ya que la frigorífica era, a principios de siglo, la industria argentina que ocupaba mayor cantidad de niños, en condiciones que "no contemplaban las necesidades físicas e intelectuales propias de esa edad... A diferencia de los obreros mayores, el niño no sólo recibía órdenes del dueño o capataz sino de los mismos obreros con quienes trabajaba; así al estar sometido a un proceso de doble explotación dentro de un sistema jerárquico, se convertía en el eslabón más débil de la cadena." (38)

Otras actividades, como la de los reseros, herederos de una tradición que se pierde en la noche de los tiempos, hombres entonces dedicados a la conducción de la hacienda desde los campos de invernada, continúa en la actualidad, pero limitada al movimiento de los animales una vez bajados de los camiones y ocasionalmente del ferrocarril. Peligrosa, se desenvuelve con las características propias del lugar, aunque ahora ya han desaparecido los "guampudos" de peligrosa cornamenta, acostumbrados a defenderse con furia salvaje de su destino "comercial", devenidos por los azares de las sucesivas mestizaciones y mejoras producto de las cruzas europeas, en las haciendas tipo que hoy conocemos. Expuestos a rodadas y costaladas de sus cabalgaduras por lo resbaloso del piso de adoquines, sujetos a las inclemencias del tiempo, los reseros modernos "atajan" los animales abriendo y cerrando tranqueras, desviándolos a los correspondientes corrales, siempre con el riesgo de ser arrollados por alguna tropa desbocada y embravecida. Curiosos espectáculos se pudieron ver a partir de la década de 1960, con la llegada, básicamente originados en Chaco, Corrientes y Santiago del Estero, de las primeras haciendas de razas índicas. Toros, vacas, vaquillonas y novillos de cruzas de origen Brahman con las tradicionales Hereford (Braford), Shorthorn (Santa Gertrudis) y Aberdeen Angus (Brangus) que mostraban la característica giba de los cebúes, absolutamente indómitos, obligaron a elevar muchas cercas para evitar los grandes saltos que les permitían huir de los encierros. Numerosas quejas del vecindario se reflejan en las publicaciones de esos años, limitándose poco a poco la autorización para el tránsito de la hacienda por las calles del barrio, últimas de la ciudad donde estaba permitido.

En agosto de 1924 el presidente del Consejo Nacional de Educación se dirige al Intendente Noel, reclamando que se "habilite para pasar hacienda proveniente del establecimiento de los Mataderos de Liniers otra calle, por cuanto la destinada a tal fin en la actualidad, que es Larrazábal, prohíbe en muchas ocasiones, sobre todo en los días de lluvia, la concurrencia de alumnos a la escuela N° 10 del C. Escolar 20°, sita en Larrazábal 3.042 ". (39)

Por múltiples razones vinculadas tanto a la necesidad de preservar el peso de las haciendas o la desaparición de las "tabladas" donde descansaban antes de pasar a los corrales, como por el desarrollo que iban adquiriendo la ciudad, el conurbano y el barrio, las tropas que circulaban arreadas por sus calles fueron dejando paso al transporte en camiones.

El estado de las haciendas y su maltrato en el mercado fueron objeto de preocupación por parte del intendente Noel, que se dirige en agosto de 1924 al Ministro de Interior, Vicente Gallo, informándole sobre los métodos de arreos y apartes que se usan en el establecimiento. Comenta que el 27 de octubre de 1922 se había dirigido al Concejo Deliberante, pidiendo la derogación de la resolución del 23 de junio de 1914, "sobre construcción de un Mercado para ovinos, a fin de poder emplear los terrenos afectados por las obras de su mercado, para ampliar el actual de vacunos y porcinos, dándole así mayor amplitud para que en él puedan efectuarse en mejores condiciones las operaciones respectivas."

Hace además referencias a la falta de comodidad y hacinamiento en vagones y desembarcaderos, como origen de la proporción de animales muertos y contusos, informando también, evidentemente inducido por las quejas vecinales, que "en lo que se refiere a los pisos e higiene de los corrales, ambas cosas son contempladas... dentro de lo que permiten las deficientes condiciones actuales del Mercado, pues tratándose de un establecimiento que tiene 23 años de existencia, la construcción actual no permite sino aquellos arreglos más indispensables." (40)

En la década del 40 se construyen atracaderos para los camiones, así como los playones necesarios para la higiene posterior de los mismos, ampliándose las instalaciones al máximo de las posibilidades de los terrenos. En épocas más propicias, más de 1.200 vehículos de este tipo arribarán al mercado trasportando vacunos y porcinos, ya que la comercialización de ovinos se realizaba, en particular, en el mercado existente en Avellaneda.

Sólo queda del trabajo del resero su presencia en el interior del Mercado, pero en el corazón del barrio, y, ¿por qué no del porteño?, se mantiene viva la figura que en la estatua de Emilio Sarniguet, ha quedado plasmada para siempre. El Boletín Municipal del 1° de mayo de 1934 publica la ubicación definitiva del monumento "El Resero", cuando el intendente Mariano de Vedia y Mitre dicta una resolución de fecha 27 de abril del mismo año, fijando como lugar de emplazamiento "...la plazoleta existente frente al edificio del Mercado de Hacienda", disponiendo que las Direcciones de Obras Públicas, Paseos, Luz y Fuerza y Talleres efectuaran el emplazamiento, "...como así los trabajos que estimen convenientes realizar al efecto en la referida plazoleta, recabando para ello los datos que consideren necesarios del escultor de la obra, D. E. J. Sarniguet". Recordemos que la estatua se encontraba hasta ese momento frente al "Palais de Glace", en el barrio de Recoleta, y que el intendente da con su medida, respuesta a la Resolución 4975 del Concejo Deliberante, que determinaba que se la emplazara "...en el centro de la Avenida Chicago N° 6.501 y 6.502 dando frente a la calle Tellier", resolución que no puede cumplirse "por cuanto las características del terreno no permiten el emplazamiento del monumento en ese punto... y con el objeto de no desvirtuar el fundamento simbólico que se tuvo en cuenta... considera conveniente disponer la colocación... en la plazoleta existente frente del Mercado de Hacienda, lugar muy próximo al que ordena la Resolución y que por las características arquitectónicas del edificio que lo rodea, se estima apropiado para ese emplazamiento. " (41) Por último, en el Boletín del 24 de mayo se publica el decreto que fija el día 25 de Mayo de 1934 a las 10 horas, para la inauguración del monumento. (42)

EL FRIGORÍFICO Y MATADERO MUNICIPAL

El Frigorífico y Matadero Municipal tiene su origen en la Ley N° 11.205, promulgada por el presidente Marcelo T. de Alvear en 1923, que crea el "Frigorífico Nacional de la Capital Federal". En marzo de 1925, se forma una comisión encargada de intervenir en las cuestiones relacionadas con la construcción de un Frigorífico y Matadero Modelo, creado por Ordenanza del 15 de julio de 1924. (43) Un informe del Departamento Ejecutivo Municipal publicado en septiembre de 1926, nos informa que entre las obras a realizarse con un empréstito, se encontraban las del "Matadero Modelo", cuyo proyecto definitivo estaba en estudio, "... en base al plan general que actualmente tiene a estudio el H. Concejo Deliberante cuyas comisiones, de un día para otro, producirán despacho". Por otra parte, ese mismo día se publica que algunas obras en las viejas instalaciones han sido renovadas, como por ejemplo la playa mecánica de matanza y grasería, finalizada en agosto por el contratista Compañía Técnica e Importadora S.A.; la pavimentación de hormigón armado a cargo de Fernando Lavenás y el comedor para obreros, que se esperaba inaugurar para octubre, a cargo del contratista J. Ameghino (hijo). (44)

Sin embargo, el que llevara el nombre del egregio tribuno Lisandro de la Torre se habilitó como "Frigorífico Municipal" en 1929, si bien se inauguró oficialmente en el año 1931, durante la culminación del modelo económico agro exportador en el que la industria de la carne tuviera papel tan preponderante, ampliándose hacia 1952.

Ese mismo año se crea la Junta Nacional de Carnes (Ley N° 11.747), encargada de aplicar y hacer cumplir la Ley N° 11.226 sobre el contralor del comercio de carnes, así como de la tipificación de las haciendas. Luego de 1955 esta industria pasó a depender del Ministerio de Comercio, al año siguiente del de Agricultura, y poco tiempo después, el 18 de septiembre de 1956, retornó nuevamente al ámbito de la Municipalidad. En 1957 pasó nuevamente a la órbita del Gobierno Nacional, y durante el gobierno del Dr. Arturo Frondizi se transfirió a la Corporación Argentina de Productores de Carne (C.A.P.). Esta entidad "testigo" para la industria y el comercio de la carne fue creada hacia 1934. Estando habilitada para intervenir directamente en los procesos industriales y la posterior comercialización de los productos cárnicos, en la década del 40 preparó un plan que le posibilitó la compra de frigoríficos, que incluyeron a "La Negra" de Avellaneda; "Cuatreros" en General Daniel Cerri, partido de Bahía Blanca; Concordia, etc.

Una larga historia de reivindicaciones obreras jalona la trayectoria de este establecimiento, que culmina con la huelga de la carne de 1959, cuyo origen estaba vinculado con su privatización. Una represión inusitada para la época indujo a un paro general de actividades en todo el país. La presencia de personal militar con tanques está reflejada en los periódicos de ese año, así como las barricadas con que el personal del frigorífico intentaba detener su paso.

LOS TIEMPOS RECIENTES - LA TOMA DEL FRIGORÍFICO

Arturo Frondizi asumió la presidencia luego de una elección que le otorgó amplia mayoría en la Cámara de Diputados y todas las bancas de Senadores. Sin embargo, su poder descansaba en un frágil equilibrio que rápidamente empezó a resquebrajarse, lo que lo obligó a recurrir a la represión y a la intromisión de las Fuerzas Armadas en el control de las acciones del gobierno. (45) Propuso un plan de transformaciones en el que la burguesía industrial asumiría un rol preponderante, contando con que este proyecto podría ejecutarse en la medida en que los sindicatos se sintieran incluidos dentro del mismo. Se sancionó la Ley de Asociaciones Profesionales, decretando la derogación de las inhabilitaciones gremiales y políticas, el aumento general de salarios, el reconocimiento de la personería jurídica y la devolución de la central obrera. Estos puntos figuraban en el pacto entre Perón y Frondizi, constituyendo la base de la estrategia política de este último en relación a la clase obrera. El desarrollismo consideraba que un sindicalismo perseguido y proscripto constituía un peligro para la paz social. Como contrapartida, un sindicato incluido dentro del sistema generaría un sentimiento de pertenencia al mismo, simplificando las relaciones obrero-patronales y obrero-estatales. Esta nueva relación entre Estado y sindicalismo abrió para éste dos caminos: la "integración", que les permitiría consolidar posiciones si se subordinaba a los grupos de poder, o la represión lisa y llana. Esta contradicción quedó expresada en la división del gremialismo peronista entre "duros" y "blandos". El gobierno entreveía en toda protesta social una conspiración, perseguido además por el fantasma del golpe de Estado, bien de parte del sector del sindicalismo "duro" con los grupos golpistas militares; bien agitando la presencia de comunistas y peronistas en una sociedad "sensibilizada". De todas maneras, el conflicto social se fue acentuando en la medida en que se profundizaba la política económica del gobierno, en virtud de las decisiones adoptadas de las cuales fueron significativas para el '59:

1.- "La batalla del petróleo", que marcó la decisión de recurrir al capital extranjero para el autoabastecimiento. 2.- La sanción de las leyes 14.780 y 14.781, que signaron la apertura de la economía al capital privado, especialmente norteamericano. El decreto 8.626/60 permitió a las empresas la incorporación de bienes de capital usados. 3.- El plan de Estabilización, respuesta a dos misiones que durante 1958 realizó el Fondo Monetario Internacional. Se aplicó un Plan de Austeridad que fue vivido como caída de los salarios; valor del peso reducido a la mitad como consecuencia del mercado libre de cambios; inflación al 113,69% y la desocupación, que entre 1962/64, trepó entre el 6 y el 10%. El aumento de la represión a las medidas gremiales era directamente proporcional a la profundización de las medidas económicas, contribuyendo a la ruptura del pacto con Perón. Frondizi recurrió a las Fuerzas Armadas para que actuaran como agente de represión interna.

En el transcurso del último mes de 1958 se habían realizado elecciones en el gremio del frigorífico, triunfando la lista encabezada por Sebastián Borro, quien había sido secretario adjunto. Lo acompañaban Elidio García, secretario adjunto; Héctor Saavedra, en Prensa y Propaganda y Fernando Rivas, en Cultura. La organización se complementaba con un cuerpo de delegados por sección, teniendo como metodología la realización de asambleas periódicas. Hacia 1959 trabajaban en el establecimiento aproximadamente 9.000 personas entre obreros y empleados. El 10 de enero de ese año Frondizi giró a las Cámaras: "el proyecto de ley por el cual se autorizaba la venta o arrendamiento del frigorífico nacional ubicado en Mataderos." Se daba prioridad para la compra a la Corporación Argentina de Productores (C.A.P), que se había normalizado en 1958 después de quince años de intervención estatal. (Salas, Ernesto, La resistencia peronista: la toma del frigorífico Lisandro de la Torre, tomos 1 y 2, Colección Biblioteca Política Argentina, Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1990). Entre los antecedentes que intentaban justificar la venta se pueden leer los siguientes: "dado que todo el proceso de industrialización de las reses, tanto del ganado para consumo interno como el de exportación, resulta obsoleto, se evidencia la contradicción de que... mientras el país exporta subproductos ganaderos disecados, importa, con posterioridad, productos químicos provenientes de una elaboración extraña. La no utilización integral de las reses y su consecuente insuficiencia en la industrialización, hacen depender la suerte de la economía ganadera del valor de la carne, de los cueros y de las lanas". De esto resulta que el valor de la carne para el consumo resultará elevado hasta que "no existan otros factores industriales que mantengan en el nivel remunerativo el valor de las haciendas y permitan reducir el precio de la carne". Al mismo tiempo, se considera que estas deficiencias afectan el balance de pagos al "...obligarnos a importar productos elaborados cuyas materias primas se producen y malgastan en el país". Agrega que el frigorífico "ha funcionado por años en condiciones institucionales y económicas extrañas a su esencia e incompatibles con su finalidad. Su desenvolvimiento ha resultado de déficit crecientes de explotación que no se justifican". (Salas, op. cit.). El 13 de enero alrededor de 2000 personas se movilizaron hacia el Congreso. En dos carteles expresaban sus demandas: "En defensa de nuestro patrimonio, contra la entrega de nuestro frigorífico a la empresa privada" y "Como argentinos no podemos aceptar la entrega del frigorífico nacional". Pese a las promesas que el Dr. Héctor Gómez Machado, titular de la Cámara de Diputados, había hecho a los obreros, Frondizi no los recibió. La vigilia se sucedió hasta la noche en que ambas Cámaras sancionaron la Ley. Tanto los obreros como el gobierno coinciden en el diagnóstico referido al frigorífico pero diferían en la solución: mientras que el gobierno consideraba necesario desprenderse del mismo (en beneficio de la C.A.P), los obreros exigían que el Estado girara los fondos necesarios para su modernización. La Ley fue sancionada por 87 votos a favor y 13 en contra. Inmediatamente fue girada a la Cámara de Senadores en la cual fue aprobada sin debate. A1 conocerse la noticia, los delegados convocaron para el 14 de enero a una asamblea general del gremio a realizarse esa misma noche. Frente al frigorífico se escuchaban las diferentes propuestas: ocupar el establecimiento a la hora del inicio de la jornada laboral o realizar un paro de 24 horas y posteriormente ocuparlo. Se pospuso la decisión para el día siguiente y se convocó a una nueva asamblea frente al mástil del frigorífico. El 15 de enero, una delegación de la Comisión Directiva fue recibida por el presidente en la quinta de Olivos. Los acompañaban representantes de las "62 Organizaciones".

"El señor Rivas expresó que el frigorífico había dado superávit en los años 1935, 1937, 1938, 1939, 1940, 1944, 1945, 1946, 1948, 1949, 1951 y 1957 y que nunca tuvo subsidios del gobierno. Agregó que en los años que tuvo pérdidas pudieron enjugarse con los beneficios anteriores. Se solicitó que la Junta Nacional de carnes aclarara públicamente la nómina e importes recibidos por los frigoríficos e incluso por la C.A.P. por subsidio o quebranto". (Salas, op. cit).

La respuesta del presidente al pedido de que vetara la ley fue negativa. A partir de allí, la percepción de los obreros puede resumirse así: "Frondizi le dijo (a Borro) que estaba decidido. El problema no era si era justo o no, si era conveniente para el país o no, lo que valía era que ellos ya lo habían decidido. Entonces se preveía que iba a haber represión, los obreros para atrás no hamos a ir." (Salas, op. cit.). Se realiza la asamblea programada con una masiva concurrencia del personal, en la que se adoptaron las siguientes medidas:

  1. Tomar el establecimiento y permanecer en él.
  2. Paro por tiempo indeterminado.
  3. Pedido a las "62 Organizaciones", a los "32 gremios democráticos" y al M.U.C.S. para que convoquen a un paro general de apoyo a la lucha.

El Presidente no volvió a reunirse con la Comisión del gremio y designó negociador a tal efecto al Jefe de Policía, capitán de navío Ezequiel Niceto Vega. A la reunión concurrieron Borro, García, Saavedra y Rivas, y el presidente del Frigorífico.

"La posición de gobierno es la siguiente:

  1. Confiar en la palabra del Presidente.
  2. No prestarse a juegos políticos o gremiales extraños al frigorífico.
  3. Que en las asambleas hablen y dispongan los miembros de la directiva.
  4. No ofender con palabras.
  5. No destruir las herramientas de trabajo.
  6. No hacerse eco de noticias o rumores tendenciosos." (Salas, op. cit.).

De aceptarse estas condiciones, el gobierno se comprometía a no innovar en la materia en tanto durase la ausencia de Frondizi que debía viajar a los Estados Unidos; este se reuniría a su regreso con la Comisión Directiva las veces que fuera necesario, en tanto se pedía a los obreros la normalización de las tareas, dejando las medidas de fuerza para el caso en que se agotara la negociación. Se sugirió la posibilidad de que los trabajadores formaran una cooperativa para el arrendamiento del frigorífico, propuesta que fue rechazada.

Por la noche, el jefe de Policía, luego de reunirse con el Presidente, informó a la prensa que "Existiendo medidas de fuerza, no habrá lugar a ninguna clase de tratativas. Si no se admite la veracidad del compromiso contraído por el suscripto en nombre del señor Presidente y se mantiene la huelga y la ocupación, el Poder Ejecutivo actuará con toda decisión y energía."

Un comunicado del sindicato respondió que "...ha decretado la huel ga en una asamblea, y nosotros, que somos los representantes del gremio, la haremos cumplir hasta que sea derogada la Ley que dispone el traspaso del frigorífico." (Salas, op. cit.).

El Ministro de Trabajo y Seguridad Social, Alfredo Allende, declaró a medianoche ilegal el paro y exigió el desalojo del frigorífico para las tres de la madrugada del sábado. Una hora más tarde de vencido el plazo, se produjo la represión.

Partieron las fuerzas policiales desde el Departamento Central. Se les unieron en el camino cuatro tanques "Sherman" del Regimiento de Granaderos a Caballo y varios jeeps con soldados provistos de ametralladoras, y cien hombres de investigaciones con armas largas. La fuerza represiva sumó aproximadamente 2.000 hombres. El primer paso fue la toma del local sindical. Luego avanzaron hacia el frigorífico.

A las cuatro de la madrugada llegaron refuerzos de Gendarmería. El subjefe de la Policía, capitán de fragata Carlos Barzone, se dirigió al portón y ordenó franquear la entrada. Desde el interior respondieron que esperaban a los dirigentes. Se ordenó el avance y un tanque atropelló el portón. Los 6.000 obreros reunidos alrededor del mástil comenzaron a cantar el Himno Nacional. A las 8 de la mañana del sábado un contingente de Gendarmería ocupó el frigorífico, luego de intensa lucha.

El saldo fue de 95 obreros detenidos, 3 heridos y 6 lesionados, mientras que entre las fuerzas de represión hubo 7 lesionados.

Esa misma noche del viernes se había reunido el plenario de las "62 Organizaciones" a la espera de las noticias sobre la negociación con el Gobierno. A1 enterarse de los acontecimientos se declaró el paro general por tiempo indeterminado en todo el país a partir del 19 de enero. La resistencia se trasladó al propio barrio por varios días y los protagonistas fueron los vecinos. Como se manifiesta en este trabajo, el barrio nació y se organizó alrededor del matadero, por lo que la relación de vecindad estaba estrechamente unida a la relación laboral. El comercio se sostenía fundamentalmente por la venta cotidiana a empleados, obreros y sus familias. El barrio estaba identificado con la lucha obrera. Los propios vecinos construyeron barricadas para impedir el acceso a los carros de asalto. Durante la noche, vecinos y obreros cortaron el suministro de energía eléctrica. El comercio permaneció cerrado.

El gobierno dispuso la aplicación del plan CONINTES (Conmoción Interna del Estado) que determinaba la realización de juicio de civiles por tribunales militares. La medida de fuerza, desorganizada ante las fuerzas represoras y con falta de coherencia interna, comenzó a mostrar fisuras. Finalmente el paro se levantó el 22 de enero pero en el frigorífico la huelga continuó. La situación se agravó cuando se produjo la cesantía masiva del personal, hasta un número calculado en 5000. En el mes de febrero se reiniciaron las tareas del establecimiento, pero con personal contratado. Pese a las negociaciones desarrolladas durante el año 1959, el Gobierno concretó la venta del frigorífico a la C.A.P. el año siguiente.

Finalmente, y como fruto de una política empeñada en tornar subsidiario el papel regulador del Estado en la economía del país, iniciada durante la dictadura militar de 19761983, el establecimiento fue clausurado, separando su predio del Mercado con la apertura de la traza de la avenida Directorio, concretada en 1981.

Vendidas por el estado, las instalaciones fueron ocupadas por el Laboratorio Roemmers, que lo transformó totalmente, inaugurando su planta "Pharma 2000" a fines de octubre de 1996. Se conservan del viejo edificio las rejas perimetrales, parte del parque y algunas construcciones, destacándose en especial el ingreso sobre la calle Rodó.

ENTREVISTA AL PASADO

Omar Sedeno es un viejo vecino del barrio y participante de la toma del frigorífico Lisandro de la Torre en 1959. El narrador va dejando correr sus recuerdos, que aquí transcribimos sin efectuarle ninguna modificación, en el tono coloquial con que los mismos fueron fluyendo.

"El frigorífico se ocupaba de la matanza de novillos, ovinos y cerdos. Nosotros hacíamos carritos, carros para la matanza, para llevar todas las menudencias, baldes, arreglábamos cañerías de chapas de zinc. Yo me desempeñaba como mecánico: hacía varillas para colocar toldos de lona. Había también albañiles, electricistas, cloaquistas. Había una cantidad enorme de trabajadores, calculo arriba de 7.000, no se si me quedo corto. Se faenaba hasta terminar, se han llegado a matar 10.000 animales, 5.000 a la mañana y se seguía a la tarde. En esa época se exportaba mucho a Gran Bretaña". "Mientras estuvo el frigorífico, los comerciantes manifestaban que trabajaban muy bien, cosa que cuando se cerró el frigorífico se sintió el impacto, hubo gente que quedó sin trabajo, deambulábamos, caso mío, que yo estuve 10 años, trabajé pero de changas en todos lados, porque cuando usted iba a pedir trabajo y decía que había, trabajado en el frigorífico, no lo querían tomar. Porque nosotros teníamos una mala fama, como de huelguistas, cuando lo único que nosotros defendíamos era lo que nos parecía, la fuente de trabajo." "El 15 de enero del 59 tomamos el frigorífico durante 48 horas. Recuerdo que el país estuvo expectante de este acontecimiento. La huelga se produce durante la presidencia de Frondizi.” “Nosotros no queríamos que lo privatizaran. Se haría cargo la Cámara Argentina de Carnes (46) y nosotros no queríamos porque iba a quedar mucha gente sin trabajo, entonces defendíamos lo nuestro, no estábamos conformes con la privatización, equivocados o no, queríamos hacer valer nuestros derechos. Entonces tomamos el frigorífico, estuvimos 48 horas, nos quedamos ahí hasta que nos vinieron a reprimir. Vinieron los jefes de la gendarmería, con tanques, a las 3 de la mañana. Teníamos todo a oscuras, habíamos apagado todas las luces, inclusive yo fui con doce compañeros más con cadenas para amurar el portón que da sobre José E. Rodó, que fue el lugar por donde entró el tanque. Ya había muchos muchachos que estaban subidos al portón de rejas, cuando el tanque irrumpe, pega el topetazo, saca los bornes del portón y entra, hasta pasando el mástil, o sea la división de la matanza que se hacía de un lado, con el otro que eran las cámaras frías. Llega ahí y tira como si fueran bombas de estruendo, era una sensación impresionante porque todo estaba oscuro y eso que parecía como fuego... caía una acá, otra allá, podía pegarle a algún compañero. Tiraban como fogonazos, como si tiraran una granada de fuego, no sé cómo podría explicarlo". "Muchos corrieron para el cuarto piso que fue el sitio donde se hizo la resistencia mayor. Yo con mi gente me fui al taller mecánico, de donde nos sacó la gendarmería con los brazos levantados. De arriba siguió la resistencia, de abajo tiraban con gases lacrimógenos con escopetas, y de arriba los muchachos se los devolvían. El ascensor lo habíamos anulado, habíamos cortado la electricidad e inclusive habíamos tirado carritos alrededor de las escaleras para que no pasaran. Sucedió luego que entraron por el Mercado de Hacienda hasta que llegó el momento en que uno de los muchachos, ya fallecido, dijo que lo que nosotros queríamos ya estaba hecho, no vaya a ser cosa que después tengamos que lamentar la pérdida de algún compañero. Nos entregamos y bueno, no sé si fue alguien preso. Pero después la cosa siguió en la calle, ya con nervios, con bronca. Fue una huelga que ya hoy, a 42 años y 9 meses, todavía es noticia." "Fue una huelga muy dura, muchos muchachos estuvieron sin trabajo. Yo recién pude reincorporarme a. la Municipalidad el 1° de agosto del 69, o sea. que me hicieron entrar con una ley que había sacado cuando fue presidente el Dr. Illia.” (47) “Hasta ese momento deambulaba haciendo changas, por ejemplo vendiendo diarios, luchando con los cajones de Coca Cola, pero no podía entrar en ningún lado. En ese entonces yo era delegado, pero no importa porque había mucha gente que era delegada y entró a trabajar en ese entonces en teléfonos, luz y fuerza." "Teníamos, todavía está, el policlínico que queda sobre Murguiondo y Rodó. Era todo un predio lleno de cascotes. Se preguntó a los trabajadores del frigorífico quién sabía manejar carros tirados a caballo. Yo tenía experiencia de haber trabajado con mis tíos de lechero, entonces asumí la responsabilidad de ir cada mediodía hasta el barrio Perales, hoy Dorrego a buscar el carro. Luego iba hasta el predio de Murguiondo y Rodó, cargaba todas las piedras a fin de limpiar el lugar para la construcción del policlínico." "Nosotros teníamos nuestro propio sindicato en la calle Timoteo Gordillo entre Rodó y Tapalqué, yendo para Liniers de la mano derecha. Era un gremio fuerte que abarcaba el frigorífico y el Mercado de Hacienda. Teníamos también un predio en Camino de Cintura donde uno podía ir los domingos, tomar mate, bañarse en la pileta de natación, una cancha de fútbol. Después se perdió todo porque a último hubo una comisión directiva en el sindicato que no hizo bien las cosas, se llenaron de plata y se privatizó. Nosotros ya estábamos despedidos. Algunos compañeros siguieron trabajando hasta la demolición del frigorífico en la época del proceso. Se abrió la Av. Directorio y un sector del predio se vendió al laboratorio. El paro nunca se levantó, se pierde la huelga. Hubo muchos compañeros que retomaron el trabajo en el frigorífico, otros decidimos continuar la huelga. Yo salí y no entré más y en marzo me dejaron cesante. Fueron muchos los que siguieron trabajando inclusive hasta que se cerró el frigorífico." "Que yo recuerde no hubo ningún tipo de persecución ideológica, a mí no me pasó nada. En una ocasión se tuvo una reunión en el sindicato del calzado de la calle Yatay, que prestó la sede, todo el frigorífico estaba ahí. Se presentó la policía y no teníamos por donde escapar, entonces dos o tres compañeros se hicieron cargo y nos dejaron salir a todos. Después tengo otro compañero que era tesorero, lo llevaron preso, fue en La Pampa, después lo llevaron a la cárcel de Caseros, había varios gremialistas de otros lados. Entonces elegían a un compañero y usted podía ir día por medio, aparte de los familiares. Yo iba y les llevaba cigarrillos, charlaba un rato con ellos y después me iba. El secretario general del gremio era Sebastián Borro. Estuvo preso en Río Gallegos por otra huelga que se hizo en 1956. Nos carteábamos, ya que Borro trabajaba en el mismo taller. Era tornero y yo todos los meses le hacía la colecta de todos los muchachos y le llevaba unos pesos a la señora, que vivía en ese entonces en la calle Albariño y Alberdi. Lo soltaron en el 56 y siguió trabajando en el frigorífico. En ese año quedaron 500 cesantes y después ya en el 59 no recordaría cuánta ente había quedado cesante." "Hará cuestión de dos meses salió en el diario que se podía trasladar el Mercado de Hacienda pero para el año que viene, para el Mercado Central. Porque en una oportunidad cuando estaba el proceso decían que lo iban a trasladar a los campos que tenía Videla en Mercedes, en ese entonces se rumoreaba pero no pasó nada. Ahora claro, si uno se va a poner a pensar cómo tendría que ser, es lógico que una cosa como esta tendría que estar en un lugar más apartado. Yo me acuerdo de esos años, un vigilante que estaba de parada en Rodó y Tellier se agarró la fiebre malta, se contagió la brucelosis. Lo que pasa es que eso contaminaba, no hacía falta trabajar en el frigorífico para agarrársela. Había muchachos que no se la agarraron, otros sí y están arriba, otros se la curaron pero siempre les queda un resabio." "Si yo voy a pensar con el corazón, no me gustaría el traslado porque uno tiene amigos, está bien que si es en terrenos del Mercado Central no es tan lejos como en Mercedes. Está bien, el frigorífico ya no existe y el mercado, que sé yo, será por ese arraigo que uno tiene de toda una vida que le dolería, aunque si lo pensamos fríamente, se podría mejorar el barrio. Creo que debería cuidarse el edificio de la recova ya que es histórico eso es lo que haría falta preservar, el pasado, porque es lindo lo que uno siente, lo que es carne del barrio. Porque si esto lo dejamos, llega un momento que se viene todo abajo, y ¿dónde quedan todos los recuerdos?, todo lo histórico, eso que es lindo preservar. Eso es cultura también, no lo van a dejar tirado, abandonado, cuando se pierde plata para hacer tantas pavadas, no se puede perder un poco para eso, que no se va a perder, si eso es cultura. Y bueno, no sé la mentalidad de los mandamás de turno, pero sería bueno que uno se mentalizara y se decidiera a hacer algo."

HACIA EL FUTURO

Desde hace muchos años se discute un nuevo traslado del mercado, hacia alguna localidad de las afueras de la ciudad, ¿Mercedes? ¿San Vicente? La Legislatura porteña prohibió, por la Ley N° 622, el ingreso de ganado vacuno en pie, con la excepción de aquellos destinados a exposiciones o actividades especiales, que "... comenzará a regir a partir del traslado total del mercado concentrador de hacienda fuera del perímetro de la Ciudad de Buenos Aires".51 Pocos días después, sancionó la Ley N° 633, creando una comisión para el seguimiento del traspaso de los terrenos del Mercado de Hacienda a la jurisdicción de la ciudad, a la finalización de la concesión a la sociedad "Mercado de Liniers S.A.", a la que se integrarán, entre otros, representantes de los vecinos a través del Consejo Consultivo de la zona. Esta misma disposición establece en el inciso b) de su artículo 2° que una de las funciones de la comisión será "Verificar las condiciones de las instalaciones del inmueble, en cuanto al estado de mantenimiento y conservación del "Antiguo Edificio de la Administración de los Mataderos." (49) Nada se sabe por ahora en lo referido a las superficies que ocupa el mercado, mientras que diversos proyectos entusiasman o enfadan a los vecinos del barrio. Algunos pretenden una urbanización con viviendas, otros la parquización total del predio, otros más la transformación en un área de emprendimientos informáticos, pero es de destacar la participación de los ciudadanos en la búsqueda de un destino definitivo a estas tierras. En lo que sí existe absoluta coincidencia, es en mantener la presencia de los viejos edificios de principios del siglo, declarados monumento histórico por Decreto N° 1021 del 3 de mayo de 1979, así como área de protección histórica por Ley N° 449 que, junto al tradicional "Resero", han sido la característica más conocida de la zona.

Y para terminar esta apretada síntesis referida al origen de este tradicional barrio porteño, qué mejor descripción que la que nos da uno de los grandes poetas de la porteñidad para caracterizar al Mataderos de ayer.

"Dentro de la Capital y ante el progreso altanero vos sos el nido de hornero que no arrasó el vendaval. Sos un trozo de arrabal oliendo a pampa y leyenda que se aguanta en la contienda con altivez y porfía. Comento de pulpería y payada de trastienda. Vos sos el poste esquinero que queda para después porque tu marco tal vez sirva de mojón lindero: Sin alarde patriotero vas marcando tu campaña ... Hoy ser crioyo es una hazaña porque nos vienen augando. Los crioyos vamos quedando como la guinda en la caña."

Celedonio Esteban Flores

AGRADECIMIENTOS

Se deja constancia del agradecimiento de los autores a la permanente colaboración recibida de parte del personal del Archivo Gráfico del Archivo General de la Nación, bajo la conducción de la Sra. Myriam Álvarez y del personal del Archivo del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, encabezado por la Lic. Estela Pagan¡, para con todos aquellos que intentamos recrear el pasado de nuestra ciudad. También hacemos extensivo un especial reconocimiento a Don Ofelio Vecchio, nacido en Italia pero criado y vinculado desde siempre con la historia de "su" barrio de Mataderos, donde falleciera no hace mucho tiempo, legándonos sus detallados trabajos, fruto de tantos años de amorosa investigación sobre el terruño de adopción.

BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA

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NOTAS

  1. "Chacarita", por chacrita.
  2. Hasta el año 1857 Caseros se denominaba "Zanjón de las Quintas".
  3. ECHEVERRÍA, Esteban, El Matadero.
  4. HEAD, Francis Bond, Las Pampas y los Andes, pág. 29/30, Buenos Aires, Editorial Hyspamérica, 1986. Head fue un ingeniero militar inglés, que hacia 1825 es nombrado gerente de la Río de la Plata Mining Company, destinada a explotar los yacimientos mineros de Famatina. En 1826 retorna a Inglaterra y escribe estas memorias, cuyo título original es Rough notes taken during some rapid journeys across the pampas and among the Andes, by Captain F. B. Head, Londres, 1826.
  5. PRIETO,Adolfo, Los viajeros ingleses y la emergencia de la literatura argentina, 18201850, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, Colección Historia y Cultura, 1996.
  6. ROMAY, Francisco L., Historia de la Policía Federal Argentina, Tomo III, 18301852, Buenos Aires, Editorial Biblioteca Policial, 1964.
  7. BEAUMONT, J.A., Viajes por Buenos Aires, Entre Ríos y la Banda Oriental (18261827), Buenos Aires, Editorial Hachette, 1957.
  8. HUDSON, Guillermo Enrique, Allá lejos y hace tiempo, Buenos Aires, Ediciones Peuser, (9a Edición), 1958.
  9. ECHEVERRÍA, op. citada.
  10. Archivo del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires (Al HCBA) Caja 5/1862.
  11. MODIFICACIÓN AL REGLAMENTO DEL MATADERO PÚBLICO, sancionada el 3 de abril de 1882.
  12. Memoria Municipal (MM) de 1860, página 187.
  13. ECHEVERRÍA, Esteban, op. cit.
  14. MONTOYA, Alfredo, Historia de los saladeros argentinos, Buenos Aires, Editorial Raigal, 1956.
  15. ACTAS DE LA CORPORACIÓN MUNICIPAL (ACM) de 1868, página 53.
  16. ACM de 1868, página 230.
  17. LIERNUR, Jorge Francisco, La ciudad efímera en El umbral de la metrópolis Transformaciones técnicas y cultura en la modernización de Buenos Aires (18701930), del mismo Liernur y Graciela SILVESTRI, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1993.
  18. CUNIETTI-FERRANDO, Arnaldo, La chacra del Presbítero Don José Francisco de la Lastra Origen de los barrios de Villa Lugano, Riachuelo, Mataderos y Liniers, en Boletín del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, N° 10, Bs.As., 1987.
  19. GOBIERNO DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES ANUARIO ESTADÍSTICO 1997.
  20. MEYER ARANA, Alberto, La Beneficencia en Buenos Aires.
  21. Actual Avenida Almafuerte.
  22. SÁENZ, justo P (h), Los corrales viejos, en La amistad de algunos barrios, Buenos Aires, Serie Cuadernos de Buenos Aires, MCBA, 1972.
  23. Es oportuno recordar que en el Puente Alsina y los Corrales Viejos se sucedieron varias batallas relacionadas con la capitalización de Buenos Aires, en junio de 1880, que arrojaron un saldo de más de 3.000 muertos, muchos de los cuales cayeron en esta zona.
  24. CUNIETTI-FERRANDO, Arnaldo, op. cit.
  25. CUTOLO, Vicente Osvaldo, Buenos Aires: Historia de las calles y sus nombres, Buenos Aires, Editorial Elche, 1994. Según esta guía, en la actualidad las calles mencionadas son RODO, José Enrique, por Ordenanza del 28/11/1919, en honor al escritor uruguayo (1872/1917); DE LA TORRE, Lisandro, homenaje al eminente político fundador del Partido Demócrata Progresista (1868/1939), por Ordenanza N° 40.478 de 1984. Antes se denominaba Tellier, por el inventor del frigorífico; BILBAO, Francisco, publicista chileno (1823/1865) exiliado en la Argentina, por Ordenanza del 26/11/1923 y MURGIONDO, en honor de Prudencio Murguiondo (1770/1826), militar que combatió durante las Invasiones Inglesas y apoyó la Revolución de Mayo, por Ordenanza del 28/10/1904.
  26. Hacia fines del siglo XIX Massini, que era teniente coronel de la Guardia Nacional, publicó un trabajo junto al teniente coronel de línea Ezequiel Pereyra, referido a un proyecto de reforma a la Ley de Organización del Ejército. El diario "La Nación", sin dar detalles del mismo, elogia la capacidad intelectual de sus autores: "...un estudio muy penetrante de las leyes militares con relación a las necesidades y conveniencias del ejército".
  27. De un aviso publicado en "La Nación" del 13/7/1899, promocionando una venta en San Martín, leemos: "...a los compradores se les remitirá de nuestra casa pasajes gratis para el tren de las 9.40 a.m. y el mismo día a la 1 en punto, saldrá un tren expreso gratis de la estación Chacarita para el remate, para cuyo efecto habrá tranvías gratis a las 12 m de Chile y Entre Ríos y plazo Lavalle. Por planos, pasajes gratis y otros datos, ocurra a nuestra casa, San Martín 318/20, Bs.As."
  28. "LA NACIÓN 25 DE MAYO 1810-1910", ejemplar editado para el Centenario argentino por el diario "La Nación", Bs. Aires, 1910.
  29. Idem anterior.
  30. GONZÁLEZ PODESTÁ, Aquilino, Los tranvías de la Sangre en "HISTORIAS DE LA CIUDAD. Una revista de Buenos Aires", Buenos Aires, N° 10, julio de 2001.
  31. El 19 de mayo de 1884 la Municipalidad dispuso que en los Corrales del Parque de los Patricios se removiera el pavimento de la playa, reemplazándolo por un piso impermeable.
  32. LLANES, Ricardo M., El barrio de Parque de los Patricios, Buenos Aires, Serie Cuadernos de Buenos Aires, MCBA, 1974.
  33. "La Nación", diario, Buenos Aires, 12/7/1899.
  34. MUNICIPALIDAD DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES - CENSO GENERAL DE 1904.
  35. ORDENANZA de la Municipalidad sancionada el 3 de noviembre de 1860.
  36. El "Reglamento para los Mataderos de la Ciudad de Buenos Aires" sancionado el 26 de febrero de 1864 refiere en su artículo 15° "Los que sacan el sebo o mucanga que queda en las tripas lo harán antes de la hora en que termine la limpieza; de lo contrario los cargadores las llevarán con sebo y todo, no admitiéndose reclamo alguno".
  37. RAMIREZ, Pablo, Los que entraron en la historia del deporte, Buenos Aires, Revista "Todo es Historia", N° 254.
  38. SURIANO, Juan, Niños trabajadores. Una aproximación al trabajo infantil en la industria porteña de comienzos del siglo, en "Mundo Urbano y Cultura Popular Estudios de Historia Social Argentina",compilado por Diego Armus, Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1990.
  39. Boletín Municipal (BM) del 1/9/1924, página 3.
  40. BM del 2/9/1924, página 2.
  41. BM del 9/5/1934, página 870.
  42. BM del 24/5/1934, página 979.
  43. BM del 28/3/1925, página 743.
  44. BM del 26/9/1926, página 1774.
  45. El Dr. Arturo Frondizi fue elegido presidente de la Nación en 1958. Fue derrocado por un golpe militar en marzo de 1962.
  46. En realidad, el entrevistado se referiría a la Corporación Argentina de Productores de Carnes, C.A.P
  47. El Dr. Arturo Humberto Illia asumió la presidencia el 12 de octubre de 1963 y fue derrocado por un golpe militar el 28 de junio de 1966.
  48. Boletín Oficial de la Ciudad de Buenos Aires, (BOCBA) Nº 1272, página 5, 10/9/2001.
  49. BOCBA, N° 1293, página 5, del 10/10/2001.

DE LOS AUTORES

    • Luis 0. Cortese es Miembro de Número de la Academia de Historia de la Ciudad de Buenos Aires, fundador y Secretario de Redacción de “Historias de la Ciudad - Una revista de Buenos Aires” y Teresita Mariaca es asistente social y directora del área sociocultural del Centro de Gestión y Participación N° 9.